1.4.12

Experimento 1: ¿Y qué pasa si dejo de hablar?



Resulta que pasa que sucede que ocurre que hace unos 3 años estuve una semana sin hablar. Tendrían que haber sido dos, pero al final solo pude aguantar una. Desde el 16 hasta el 21 de marzo, ambos días incluidos.

No hablé absolutamente con nadie. Ni con mis amigos, ni con mi familia, ni con los profesores, ni con los vecinos, ni con la gente que me preguntaba algo por la calle. Me lo tomé muy en serio, no era ninguna chorrada. Era un experimento y un reto personal. Me expresaba a través de un cuadernito, en plan Little Miss Sunshine. Y por facebook también. La idea era dejar de hablar, no dejar de comunicarme. Eso habría sido espantoso. Pero puede que algún día también lo pruebe.
Ha sido bastante interesante la reacción de las personas que me rodeaban. A los que son más cercanos, esto no les hacía ninguna gracia. Y a los que no son tan cercanos, yo les hacía bastante gracia.

El primer día en la universidad fui más o menos el monito de feria de mis amigos. Para colmo, se me agotó la tinta del boli nada más bajar al patio (me encanta llamrlo patio y no descanso o break. Odio a los que dicen "vamos a hacer un break y después seguimos"). Menos mal que Gabi andaba por alli y me prestó uno. Ese día eran todo el rato coñitas. Javi, muy irónico,, me dijo que dejase de intentar hacerme la Marina Abramovic con la exploración de los límites corporales. Es verdad que me encantan los artistas de performance, pero en ningún caso esto estaba pensado como una cuestión artística. Aún no tengo ni cultura ni edad mental para eso.

Me sorprendió bastante que los profesores que se enteraron me apoyaran. Algunos decían que era algo totalmente respetable, otros que era divertido y otros se limitaron a aceptarlo y a mirarme con cara de bicho raro. Pero el caso es que no sé por qué. No sé por qué es algo juzgable. Es decir, es una decisión supersimple: yo decido que no hablo. No hablo porque tengo la capacidad , y cuando digo que tengo la capacidad me refiero a que PUEDO, soy libre de poder. En un sentido totalmente literal. Tengo capacidad para decidirlo y también para hacerlo. Es una especie de expresión de libertad en forma de represión. Expresión-represión. Tan paradójico y tan bonito. Soy libre para decidir dejar de hacer algo tan sencillo como hablar. Y no tendría por qué verse como algo raro. Porque el silencio, el hablar, el decidir y el poder hacer algo son inherentes al ser humano. Y lo mejor es que en teoría no hay nada que me limite o que me obstaculice. Excepto yo misma.

Me daba pena, todas las personas que cuando se enteraban decían "Uh! ¡Dos semanas sin hablar! ¡Yo no aguantaría ni un día!". Es evidente que lo decían por no llamarme loca a la cara o simplemente por decir algún comentario gracioso al respecto. Pero, otras lo pensaban de verdad. Mentira. Mentira. Mentira. Yo hablo por los codos, los que me conocen lo saben, y no llegué a dos, pero la semana la aguanté perfectamente. Sin demasiados problemas, en serio. El que quiera puede aguantar, yo creo, incluso bastante más de dos semanas. Pero hay que estar convencido, tener una especie de fe ciega y sobre todo ser alguien muy fuerte.

Es verdad que había momentos en que a lo mejor me costaba un poco más. Por ejemplo hubo un par de veces que mi hermano, con eso de que estaba calladita y no le podía decir nada, empezó a tocarme las narices vacilándome. Después de cierta tensión, sopapo. No es que yo sea violenta, pero en esta ocasión la opción del diálogo no era viable.

Otro momento difícil fue cuando a veces en mi casa me comunicaba con mi madre. Yo a mi madre le cuento el 99'5% de mis cosas. Es una de las tres personas con la que más confianza tengo. Escucharle hablar de temas delicados y no poder contestarle, sólo conseguía que me pusiera mala.

También tenía muchísimas ganas de cantar. Yo me paso el día cantando. Sola o con mis amigas o por la calle o en casa. Siempre estoy cantando alguna canción que se me pega.

Algo curioso, que no pensé que podría pasarme es que me dolía la cabeza bastante. Y me dolía de no hablar. De estar constantemente presionándome para estar callada y no abrir la boca. Como las personas con anorexia, que lo único que hacen es pensar en no comer, yo igual con el silencio. Pero en general era bastante fácil.
Mis amigos, como mi madre, estaban hartos. Fue guay, porque vi que algo me necesitan y eso siempre te sube la moral. Es algo que normalmente das por hecho, que tus amigos te necesitan, pero verlo de una forma tan clara, haciendo algo tan simple y sin que tenga que haber dramas de por medio es muy gratificante. Con el teléfono tampoco tuve mucho problema. El móvil se me había estropeado una semana antes y el de casa ya no lo uso casi. Por cierto, a lo tonto llevo más de un mes sin móvil. Me estoy acostumbrando. Yo que siempre había pensado que no sabría sobrevivir con él. Pues se puede. Yes we can.

El día 21, fui a hacer un coñazo de reportaje a la parada de metro Alsacia, una de las nuevas de la prolongación de la línea 2. El ascensor estaba estropeado y yo fui con mi cuadernito a preguntarle al segurata qué había pasado. El tío me tomó por sordomuda y empezó a hablarme muy despacio y muy alto mientras me miraba con cara compasiva. Fue bastante gracioso. Como el tipo del banco cuando otro día fui a ingresar dinero y se lo pedí muy educadamente a través del cuaderno. Se quedo un poco flipado, pero le dio la risa.

Al final exploté el día 21 sobre las ocho de la tarde. Había tenido un día horrible, con un frío horroroso y con el peor de los dolores de cabeza. No se me fue ni con un gramo de paracetamol. Lo rompí mientras mi madre me hablaba, fue espantoso. Pero una liberación también. Rompí a llorar. Un volcán. No sé aún por qué. En parte porque me sentía superdecepcionada conmigo misma: en ningún momento, absolutamente en ninguno, me planteé dejarlo hasta 3 o 4 horas de hacerlo. Estaba convencidísima de que por lo menos 11 o 12 días por lo menos aguantaría. Resulta que no. Y eso me supone muchas cosas.

Por otra parte lloré por toda la mierda que tenía acumulada y que tenía que salir de alguna forma. Y salió de la forma más impulsiva y más natural. Me encantó. Yo que no soy nada de llorar. Tengo mucha sensibilidad y lo interiorizo todo mucho, pero no suelo desmoronarme.

Con mi padre normalmente no hablo mucho. No por nada, simplemente es porque no me sale. Y a él conmigo le pasa lo mismo. A parte de que siempre que hay alguna bronca gorda en casa es entre los dos. No nos contamos nada. Y por supuesto nunca le digo que le quiero o algo parecido, cuando mi madre y yo somos hiperempalagosas. Pues bien, cuando mi padre llegó a casa y me escuchó me dijo: “Ay que bien que hables, la verdad es que ya tenía ganas de oírte”. Solamente por eso valió la pena el experimento. Solamente por eso. Significó muchísimo para mí.

La primera canción que canté fue la de Love today de Mika. Yo odio a Mika. No lo soporto (aunque el principio de esa cancion sí que me hace gracia). Hace muchísimo que no oigo ninguna canción de él porque desde los 13 años nunca suelo escuchar nada suyo. Pero el destino (en el que no creo) quiso que en la tele saliese una canción suya y se me pegara. Mierrrrrrrda.

Este silencio voluntario, por cierto, vino a raíz de un artículo de Vice. Iba de un tipo que había estado dos semanas sin escuchar música ni ningún tipo de melodía y llevaba todos los días unos cascos de obra puestos. Terminó jodidísimo pero lo consiguió. Después de esto solo me queda decir que he jurado que cumpliré las dos semanas. Esta semana me la he tomado como una prueba en la que he experimentado lo que puede pasarme. Ahora que ya lo sé, la próxima vez estaré más preparada. Pero eso será, por lo menos, el año que viene. No tengo prisa.

Y como me ha gustado esta experiencia, voy a empezar a hacer cosas de estas más a menudo. Quién sabe, a lo mejor termino escribiendo libros, o hago algún descubrimiento biológico o sociológico, o me convierto en una artista de performances megafamosa y luego subasto los objetos de mis experimentos (como el librito donde están todas mis conversaciones escritas de la semana silenciosa) y me forro. O a lo mejor termino grillada. Ya veré que es lo próximo que se me ocurre. 

7 comentarios:

Angel Arzola Mancillas dijo...

Me parece excelente tu comentario, llegue a el por que el dia de hoy me ha tocado una afonia como nunca en mi vida y practicamente hablo aire, no se escucha nada, y me desespero por que yo tambien hablo bastante, me gusta mucho tu manera de redactar tu experiencia y aunque no he fijado cuando lo hiciste, ya tienes mucha madurez para tu edad, casi creo que te veia en calles soleadas y lugares alegres, no se por que, si escribes mas cosas como estas contactame, mi nombre es Angel Arzola y mi face es ese, me interesaria mucho ver mas articulos como este, estan excelentes!!! :D

Mireia dijo...

Pues sabes qué? Que yo he llegado a tu post porque me he propuesto esta una semana sin hablar y he querido buscar si había alguna cosa relacionada, o a algun grillado más se le había ocurrido hacer algo así, jajaja. ¡Me encanta no ser la única!!! ¿Te puedo preguntar el motivo que te llevó a ello? Lo mio no es cuestión de poder-no poder, la verdad es que si que busco conseguir algo. Ha empezado medio en broma en casa con mis hijos y mi marido, y me he dicho: ¿por qué no?. Creo que puedo sacar algo muy beneficioso si me paso una semana sin hablar!!!
Un saludo mudo! ;)

anghhus dijo...

Pues mira yo tambien estoy empezando a quedarme callado no por poder o no poder sino que quiero escucharme mas interiormente y dejar de hablar, porque lo reconozcamos o no, hablamos hasta demas cuando no sabemos escucharnos interiormente y mira tu buscando informaishon encontre tu blog y muy interesante. Y por supuesto enterarse de que no estoy solo con estos pequeños experimentos poco ortodoxos para los que no entienden, gracias.

Daniel FUN TIME dijo...

Sólo una duda, hacías ruidos como reirte?

Daniel FUN TIME dijo...

Hacías ruidos como reirte?

Daniel FUN TIME dijo...

Hacías ruidos como reirte?

Anónimo dijo...

Gracias por compartirnos tu experiencia, es muy enriquecedora cuando tienes miedo de vivir una semana sin hablar. Comparto que a mi gustaria vivir este experimento porque creo que me ayudara a escuchar a los demás, analizar sus expresiones y manera de transmitir lo que dicen, sus gestos, sus palabras y así con conocimiento de las diferentes maneras de expresarse, decidir y adoptar las maneras de decir lo que oigo en en mi interior. De alguna manera es reconectarte con tu voz interior para saber escuchar. Me parece curioso que hayas concluido un poco de tu situacion con tu papa, y me pregunto si todos los que queremos hacer algo como esto, tenemos inconscientemente algo de traumas que influencien este objetivo? Es decir, tal vez... es que en realidad, muy dentro de todo, ya no tenemos nada que decir.