9.12.11

¿Es usted un aventurero de profesión? Orlando.


-¿Está herida?
-Estoy muerta.
-¡Muerta! Eso es serio, ¿puedo ayudarla?
-¿Se casaría conmigo?
-¡Ah! Señora, me encantaría, pero me temo que me he torcido un tobillo.



4.12.11

Cementerio de su propia violencia

 -Mamá, algún día escribiré así.


El penacho de blanco humo, el estruendo comparado a menudo con un lejano redoble de timbales: obertura. Acto seguido principia el colosal espectáculo, el penacho enrojece, se hincha, se encumbra, un árbol de ceniza que trepa más y más alto, hasta aplanarse bajo el peso de la estratosfera (si hay suerte, veremos trazos de esquís que en naranja y rojo inician el descenso por la pendiente): horas, días de esto. Luego, calando, amaina. Pero, de cerca, el miedo revuelve las tripas. Este ruido, este ruido amordazante, es algo que nunca imaginarías, que no puedes aceptar. Un diluvio constante de sonido graneado, titánicamente tempestuoso, cuyo volumen parece aumentar siempre a pesar de que no puede ser más ruidoso de lo que es; un rugir del vómito, amplio como el cielo, que inunda el oído y que extrae el tuétano de tus huesos y te vuelca el alma. En un pueblo al pie de la montaña —podemos aventurarnos hasta allí— lo que parecía de lejos un chorro torrencial es un campo deslizante de cieno viscoso, rojo y negro, que empuja paredes que por un momento permanecen en pie, luego caen con un tembloroso y sorbedor plaf en el seno de su henchida frente; que atrae, inhala, devora, desliga los átomos de casas, coches, carros, árboles, uno por uno. Pues esto es lo inexorable.
Después del recorrido por la parte alta del costado del cono, nos paramos en el labio del cráter (sí, labio) y miramos abajo, a la espera de que el ardiente corazón interior se ponga a retozar (...) Comienza ya. Oímos un gorgoteo de bajo profundo, la corteza de escoria gris empieza a brillar. El gigante está a punto de exhalar. Y el hedor sofocante del sulfuro es insoportable, o casi. La lava se amalgama pero no rebosa. Leñas y cenizas ígneas se ciernen a escasa altura. El peligro, cuando no es demasiado peligroso, fascina.

El amante del volcán
Susan Sontag

26.11.11

Andamios / Scafollding









Vamos por la calle y no nos damos cuenta de lo bonito que es hasta lo más cutre. Salvo Fernando Maselli. El sí.

15.11.11

25.10.11

Lo que la verdad esconde

Observa tu cuerpo
y cuenta
sus cicatrices

Observa la ciudad
y anda
sus cicatrices

Vive con ellas
y en ellas
porque no hay
alternativa

(visto en la calle)


video de Markus Rico

Cuando fuimos a Microteatro










Y había tanta gente que no te encontramos

1.9.11

Feliz año nuevo

Para mi los años empiezan en septiembre. Es mi mes favorito. El verano y la sensación de letargo que le acompaña por fin se terminan y aún no empieza la rutina. Es un mes fuera del tiempo, tierra de nadie, en el que no sé cómo pero siempre pasa algo que lo cambia todo.
Eso mismo, todo, son incógnitas y expectativas. No sé cuántas personas entrarán en mi vida y cuántas se irán, qué sitios, canciones, libros, calles, ciudades descubriré... En fin, todo eso que planea bajo la típica frase de "quién me hubiera dicho a mi hace unos años". Además hoy ha amanecido nublado y fresquito, sin amenaza de lluvia, que es como más me gusta.

Todos los septiembres empiezan con una canción nueva que no paro de escuchar en los meses siguientes, hasta el primer día del noveno mes próximo. De manera que mis años no se llaman 2010 ni 2011 ni 2012, sino "Your heart feels", "Despicable dogs", "New theory"...



Ésta va a ser la de este año:

Midnight City by M83